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martes, 23 de septiembre de 2008

Plazas III

Y la siguiente en surgimiento es la hoy rescatada “Plaza Vieja” , originalmente llamada Nueva, por sustituir en sus funciones de mercado a la de San Francisco y pasó a llamarse así cuando surgió la del Santo Cristo, entonces la Nueva. Tuvo un sinnúmero de otras denominaciones hasta que hace algunos años ha sido restaurada junto a los edificios que la rodean y se ha comenzado a llamar como hace siglos…espaciosa y adornada en su centro de grandiosa fuente, parece aún albergar pregones y puestos de venta.

Lugar ideal para esparcirse, caminar, disfrutar de la esplendorosa arquitectura de los edificios aledaños, tomarse una cerveza en la única cervecería artesanal de la ciudad. Subir a la cámara oscura que se aloja en una de sus esquinas y que agradecemos a la ciudad de Cadíz por su donación, es recomendación especial de esta autora que tardó en hacerlo y ahora no duda en repetirlo una y otra vez…no solo por lo que se ve a través de su particular lente sino por las preciosas vistas desde lo alto del edificio.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El Caballero...


Cada ciudad tiene sus personajes ilustres, originales, curiosos, típicos…al menos eso pienso yo. Andan por ahí, deambulando, cruzándosenos sin apenas advertir su singularidad.

Y así ocurrió con este, nuestro más especial personaje de los últimos tiempos, lleno de misterios y cariño popular. Para homenajearle y un poco aumentar el enigma, han colocado una estatua de bronce de su figura, a tamaño real y tal y como recorría las calles, en la acera del frente del convento de San Francisco. Supe hace poco, leyendo curiosidades de esta ciudad, que sus restos mortales reposan en una lápida del interior de este viejo templo.

Se hacía llamar “El Caballero de París”, como parte del delirio sublime en que pasó la mayoría de sus años adultos…y como un honorable caballero rondaba la urbe ataviado de capa y largos cabellos a la usanza medieval. Como espada un bulto de viejos periódicos.

Hoy casi nadie al pasar por su lado, vence la tentación de tomar una instantánea, dejar unas flores, tomarle la mano o acariciarle la barba a tan distinguido caminante.