Cada ciudad tiene sus personajes ilustres, originales, curiosos, típicos…al menos eso pienso yo. Andan por ahí, deambulando, cruzándosenos sin apenas advertir su singularidad.
Y así ocurrió con este, nuestro más especial personaje de los últimos tiempos, lleno de misterios y cariño popular. Para homenajearle y un poco aumentar el enigma, han colocado una estatua de bronce de su figura, a tamaño real y tal y como recorría las calles, en la acera del frente del convento de San Francisco. Supe hace poco, leyendo curiosidades de esta ciudad, que sus restos mortales reposan en una lápida del interior de este viejo templo.
Se hacía llamar “El Caballero de París”, como parte del delirio sublime en que pasó la mayoría de sus años adultos…y como un honorable caballero rondaba la urbe ataviado de capa y largos cabellos a la usanza medieval. Como espada un bulto de viejos periódicos.
Hoy casi nadie al pasar por su lado, vence la tentación de tomar una instantánea, dejar unas flores, tomarle la mano o acariciarle la barba a tan distinguido caminante.
